El Último de la Fila, una banda surrealista que ha sido glorificada por una legión de seguidores, ha decidido incumplir su palabra de no volver a tocar juntos. Y lo han hecho de manera impresionante, delante de 56.000 personas, como si fueran los Rolling Stones. Esta banda ha demostrado que la música puede ser un juego, un placer que se puede disfrutar sin tomarlo demasiado en serio. De hecho, su regreso al escenario ha sido como una broma de despedida de soltero, con una banda mariachi que apareció por sorpresa para amenizar la espera del público.
El concierto ha sido un viaje por la carrera de El Último de la Fila, con canciones que han sido convertidas en protagonistas de fiestas populares, viajes en coche y momentos de melancolía. Manolo y Quimi, los dos líderes de la banda, han soplado al unísono y han navegado por la senda del pasado con Huesos, el mismo tema que arrancó su último concierto antes de disolverse. Han estado acompañados por algunos de los músicos que les han acompañado desde sus comienzos, como Ángel Celada, Juan Manuel García, Pedro Javier González, Antonio Fidel y Sara García, la hija de Manolo.
El concierto ha sido un espectáculo visual y auditivo, con un enorme pez iluminado que ha conjurado la lluvia que cayó a ratos durante la tarde-noche del domingo. La banda ha utilizado todo tipo de recursos para quitar hierro a la nostalgia que llena estadios desde hace años, como un videojuego de matamarcianos que ha aparecido en las pantallas gigantes. Manolo ha saludado al público con un "Bona nit, amics i veins de Barcelona" y ha pedido un gran "¡Hola!" como el que sonó en la inauguración de los Juegos Olímpicos.
La conexión con el público ha sido palpable, aunque no ha sido como cuando Springsteen sube al escenario. La energía ha venido de más abajo, de una forma más catalana quizás. Los aplausos han sido constantes, especialmente cuando la banda ha dedicado el concierto a Llach, Sisa, Ia & Batiste y Pau Riba. La dedicatoria ha sido un momento especial, con un mar de luces en el Olímpic que ha acompañado a las imágenes de los primeros años de Manolo y Quimi.
La segunda parte del concierto ha sido más intensa, con la banda echando toda la carne en el asador. La lluvia ha arreciado de nuevo, pero no ha detenido a la banda. Manolo ha disparado balas de plata, con canciones como Cuando el mar te tenga, El que canta su mal espanta, Lápiz y tinta o una eufórica Lejos de las leyes de los hombres. El público ha estado de pie, compitiendo con el boss. La catarsis colectiva ha sido el tema principal de la segunda parte, con un público que ha estado completamente entregado. El concierto ha sido un éxito rotundo, con la banda demostrando que todavía tiene mucho que ofrecer. La gira se condena al acoso de quienes no se conformarán y pedirán que este concierto no sea el último. El Último de la Fila ha demostrado que la música puede ser un juego, un placer que se puede disfrutar sin tomarlo demasiado en serio. Y es que, como dice Manolo, "donde hay humedades hay alegría