La importancia del director en una orquesta constituida por jóvenes músicos se puso en evidencia una vez más en el Palau de la Música, donde Leonard Slatkin dirigió a la Franz Schubert Filharmonia en una interpretación de 'La Grande' de Schubert. La figura del maestro experimentado y sensible como Slatkin es fundamental para valorar el trabajo con esta generación de músicos. Las orquestas profesionales de plantilla ya asentada pueden acumular problemas y cuestiones técnicas y personales, lo que hace que la labor del director foráneo sea aún más desafiante.
El programa comenzó con el Adagio para cuerdas de Samuel Barber, una obra que requiere uniformidad y coherencia estética. Aunque el resultado fue bueno, se podría haber mejorado agrupando a los violines primeros dentro de la caja del escenario. La Sinfonía nº 94 de Haydn que siguió fue una buena sorpresa, con su claridad expositiva clásica y preciosismo de detalles. La Franz Schubert Filharmonia cuenta con solistas de calidad en las maderas, y los metales hicieron un trabajo de calidad.
La Sinfonía nº 9, 'La Grande', de Schubert requiere solvencia individual y trabajo directorial. El maestro Slatkin, conocedor a fondo de la obra, marcó el camino y valoró sus elementos clásicos, los contrastes en las dinámicas y los sutiles crescendos. El tempo vivo y alejado de la parsimonia sumó brillantez al final, y el fraseo con connotaciones románticas bordó la expresión y las tensiones. Todo ello fue bien comprendido y realizado por los jóvenes músicos, que fueron valorados por un buen público, silencioso y conocedor, que prolongó los aplausos.
La interpretación de 'La Grande' de Schubert por la Franz Schubert Filharmonia bajo la dirección de Leonard Slatkin fue un éxito. El maestro Slatkin demostró su habilidad para liderar a una orquesta de jóvenes músicos y hacer que la música cobre vida. La combinación de la experiencia y la sensibilidad del director con la energía y la dedicación de los músicos jóvenes dio como resultado una interpretación magistral que deleitó al público.
Leonard Slatkin es un director de renombre que ha trabajado con algunas de las orquestas más prestigiosas del mundo. Su experiencia y conocimiento de la música clásica son innegables, y su capacidad para comunicarse con los músicos jóvenes es admirable. En este concierto, Slatkin demostró su habilidad para hacer que la música de Schubert cobre vida, y su dedicación a la música y a los músicos es evidente en cada nota que se interpreta.