Georg Baselitz, uno de los pintores alemanes más influyentes del siglo XX, falleció el jueves a los 88 años. Su vida y obra estuvieron marcadas por la insumisión y la provocación, como él mismo decía: 'lo correcto, para mí es lo insensato'. Nacido con el nombre de Hans-Georg Kern en 1938 en Deutschbaselitz, Sajonia, Baselitz creció bajo el nazismo y se educó en el comunismo. Su padre, un maestro de escuela y miembro del partido nazi, fue degradado tras la caída del Tercer Reich y se le prohibió ejercer su profesión.
Baselitz estudió en la Escuela de Bellas Artes de Berlín Este, pero fue expulsado por su 'inmadurez social y política'. Sin embargo, esta expulsión no detuvo su carrera artística. En los años cincuenta, se trasladó a Berlín Occidental y comenzó a desarrollar su estilo único, caracterizado por la pintura de figuras y paisajes al revés. En 1963, su obra 'Die große Nacht im Eimer' ('La gran noche bajo el desagüe') causó un escándalo y un proceso por atentado contra la decencia pública. A pesar de la polémica, Baselitz siguió creando, y en 1969, decidió pintar las figuras y paisajes al revés, lo que se convirtió en una de las características más destacadas de su estilo.
Baselitz también fue influenciado por el manierismo italiano, el dadá y el arte africano, así como por la pintura abstracta e informal del Occidente, con Jackson Pollock como uno de sus referentes. Su obra vive en un equilibrio muy fino entre la abstracción y el figurativismo. Como señalaba el comisario de su última exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, Norman Rosenthal: 'pocos artistas de hoy pueden sostenerse sobre los hombros de los gigantes del arte, y uno de ellos es Baselitz'.
A lo largo de su trayectoria, Baselitz no solo destacó por su obra, sino también por sus polémicas declaraciones públicas, en las que criticó a otros artistas y sostuvo posturas controvertidas. Recibió importantes reconocimientos internacionales, como el Praemium Imperiale, la Legión de Honor francesa y una cátedra honoris causa de la Real Academia de las Artes de Londres. Fue profesor en instituciones como la Academia Estatal de Bellas Artes de Karlsruhe y la Universidad de las Artes de Berlín, además de miembro de destacadas academias europeas.
En sus últimos años, Baselitz se trasladó a Salzburgo y obtuvo la ciudadanía austriaca. Siempre fue consciente de que su papel como creador plástico en la sociedad era limitado. 'El artista querría tener un papel. Pero, en realidad, no es más que una lombriz. Su rol es mínimo, y su público, bastante limitado. En realidad, nunca me ha interesado transformar la sociedad, sino proponer una pintura mejor que la del pasado', se definía. Aun así, con el paso del tiempo y las grandes exposiciones, su pintura empezó a entenderse, aunque él siempre tuvo sus dudas: 'diría que mi pintura no fue entendida, y que por ese motivo me llamaron provocador. Cuando uno presenta su trabajo ante el mundo, siempre desea que le aplaudan. Pero, para que ese aplauso tenga lugar, el público tiene que ser capaz de entender algo'.
Georg Baselitz fue un artista que desafió la convención y creó un estilo único que influyó en la pintura contemporánea. Su legado es un testimonio de su insumisión y su pasión por el arte. A pesar de la polémica y la crítica, Baselitz siguió creando hasta el final de su vida, dejando un cuerpo de obra que será recordado por generaciones futuras. Como dijo Bernard Blistène, comisario de la retrospectiva de 2022 en el Centro Pompidou de París: 'Baselitz es alguien que de la insumisión hizo un método'. Su obra y su legado son un ejemplo de la importancia de la innovación y la experimentación en el arte.