Semiólogo, filósofo y novelista implacable, el pensador italiano logró el milagro de transformar la alta cultura y los misterios medievales en fenómenos de masas, dejando una huella imborrable en el ADN intelectual de nuestra época.
Hay hombres que parecen contener bibliotecas enteras en su cabeza. Umberto Eco (1932-2016) fue, sin duda, uno de ellos. Capaz de desmenuzar con la misma brillantez un texto de santo Tomás de Aquino, una tira cómica de Charlie Brown o los mecanismos de manipulación de los medios de comunicación modernos, el intelectual italiano borró las fronteras entre la alta cultura y la cultura popular. Años después de su partida, su diagnóstico sobre el mundo contemporáneo —la saturación informativa y el peligro de las redes sociales— resuena con una vigencia casi profética.
Nacido en Alessandria, en la región de Piamonte, Eco creció bajo el ruido de fondo del fascismo de Mussolini, una experiencia que marcaría su posterior rechazo a los totalitarismos. Aunque su padre quería que fuera abogado, el joven Umberto se decantó por la filosofía medieval. Fue en la Universidad de Turín donde se doctoró con una tesis sobre la estética en el pensamiento tomista, abriendo una puerta al pasado que jamás volvería a cerrar.
Durante las décadas de 1960 y 1970, Eco se consolidó como uno de los padres de la semiótica moderna (la ciencia que estudia los signos y cómo los seres humanos interpretamos el mundo). Libros como Apocalípticos e integrados (1964) y Tratado de semiótica general (1975) lo convirtieron en un referente académico inevitable.
Sin embargo, el verdadero terremoto cultural ocurrió en 1980. A los 48 años, Eco decidió incursionar en la ficción. El resultado fue El nombre de la rosa, una novela policíaca ambientada en una abadía benedictina del siglo XIV. Lo que sobre el papel parecía un denso tratado teológico disfrazado de misterio, se convirtió en un éxito editorial sin precedentes: vendió millones de copias, se tradujo a decenas de idiomas y fue adaptada con éxito al cine por Jean-Jacques Annaud, con Sean Connery en el rol del inolvidable fraile Guillermo de Baskerville.
Lejos de encasillarse, Eco continuó desafiando las mentes de sus lectores con novelas laberínticas como El péndulo de Foucault (1988) —una sátira demoledora sobre las teorías conspirativas— y El cementerio de Praga (2010). En paralelo, jamás abandonó las aulas de la Universidad de Bolonia ni sus ácidas columnas de opinión, donde alertaba sobre el avance de la estupidez humana y la pérdida de la memoria histórica en la era de internet.
Umberto Eco falleció en Milán a los 84 años, rodeado por su biblioteca personal de más de 50.000 volúmenes. Se fue el escritor, pero quedó el método: una invitación permanente a dudar de las apariencias, a leer entre líneas y a entender que, en el gran teatro del mundo, todo —absolutamente todo— es un signo digno de ser interpretado.
La producción de Eco se divide nítidamente entre sus influyentes ensayos teóricos y sus complejas novelas de ficción.
El nombre de la rosa (Il nome della rosa, 1980)
El péndulo de Foucault (Il pendolo di Foucault, 1988)
La isla del día de antes (L'isola del giorno prima, 1994)
Baudolino (2000)
La misteriosa llama de la Reina Loana (La misteriosa fiamma della regina Loana, 2004)
El cementerio de Praga (Il cimitero di Praga, 2010)
Número cero (Numero zero, 2015)
El problema estético en Santo Tomás (1956)
Obra abierta (1962)
Diario mínimo (1963)
Apocalípticos e integrados (1964)
La estructura ausente (1968)
Tratado de semiótica general (1975)
Cómo se hace una tesis (1977)
Lector in fabula (1979)
De los espejos y otros ensayos (1985)
Kant y el ornitorrinco (1997)
A paso de cangrejo (2006)
De la estupidez a la locura (2016, obra póstuma)
A lo largo de su vida, Umberto Eco fue distinguido por gobiernos, academias y festivales de todo el mundo, siendo postulado en reiteradas ocasiones al Premio Nobel de Literatura.
Premio Strega (1981): El galardón literario más prestigioso de Italia, obtenido por El nombre de la rosa.
Premio Médicis Extranjero (1982): Otorgado en Francia a la mejor obra extranjera por El nombre de la rosa.
Premio Bancarella (1989): Otorgado por los libreros italianos a El péndulo de Foucault.
Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2000): Concedido en España por su valiosa contribución al entendimiento de los sistemas de comunicación y la cultura contemporánea.
Caballero de la Legión de Honor (Francia): Una de las máximas distinciones civiles del gobierno francés.
Caballero Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Italiana (1996): El máximo reconocimiento del Estado italiano.
Premio del Estado Austriaco para la Literatura Europea (2001): En reconocimiento a toda su trayectoria literaria en el continente.
Doctor Honoris Causa: Recibió este título por más de 30 universidades de todo el mundo, incluyendo la Universidad de Oxford, la Universidad de la Sorbona, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Cómo viajar con un salmón no es un libro que Eco haya concebido originalmente con ese nombre en Italia. En su idioma original esos textos salieron primero en su columna de la revista L'Espresso y luego se agruparon en el libro Segundo diario mínimo (Il secondo diario minimo, 1992).